Parejas maduras vs parejas infantiles.

Las parejas maduras, no solamente “caen enamoradas”, deciden entrar en una relación. El amor no es simplemente algo en lo que caes; es algo que tú haces crecer.



Amar es fácil. Es lo más fácil que hayas hecho en toda tu vida. Es el lugar más calmado, pacífico y tranquilo de tu vida, la sábana más suave que hayas sentido. Es algo que sucede naturalmente, y que no necesita ser peleado día y noche.

Cuando amas a alguien, y el o ella te ama, y no hay duda alguna de los sentimientos que se tienen uno al otro, se crea la llamada paz mental. Una paz mental que no has tenido nunca y que te hace revitalizar.

Una relación de pareja madura vive por y con este tipo de paz mental; las parejas inmaduras se ahogan allí.

Las relaciones inmaduras hacen preguntas; las relacionas maduras las responden.
Las relaciones inmaduras giran alrededor de las dudas. ¿El me ama? ¿Ella me está engañando? ¿Estaremos juntos en dos meses?

Las parejas maduras no necesitan hacerse este tipo de preguntas. Ya saben las respuestas y no necesitan estar en constante “re-aseguramiento” de sus parejas.

Se sienten confortables, seguros, libres de duda porque el amor no se trata de esas pequeñas preguntas, pero si se trata de que la pregunta más importante ya está respondida.

Las relaciones inmaduras te dejan esperando por algo; las relaciones maduras te dan lo que necesitas. Existe un vacío en las relaciones inmaduras, con una aparente ausencia y una incesante preocupación de que algo falta.

Es algo que “te come” cuando vas a dormir o cada vez que te alejas de tu pareja solo por algunas horas. Es algo que “te quema” cuando están juntos, y algo que se va con sexo o con constantes mensajes de chat.

En las relaciones maduras no existe este abismo. No hay espacios vacíos o pequeñas rajaduras. Nunca hay un sentimiento de que algo ha sido tomado de ti o que se está llevando la otra persona.

El amor entre dos personas maduras llena cada rajadura en la fibra de su ser, sin saber que lo han hecho.

Las relaciones inmaduras se esfuerzan para ser una sola persona; las relaciones maduras están bien siendo dos.
Las relaciones inmaduras están conformadas por dos personas incompletas. Hay dos mitades tratando de hacer una sola.

Madurez por lo tanto es respeto mutuo y flexibilidad adaptativa. Sin embargo, muchas parejas creen que la madurez es solo cumplir con las normas que la sociedad espera de ellas: trabajo, complementariedad entre las partes, construcción de un hogar y de una familia, adaptarse en forma rígida y repetitiva a la cotidianeidad y la rutina. Estas parejas que se suben al podio de la “madurez” harán gala de la corrección y la obediencia a los estatutos sociales dejando de lado los propios cuestionamientos y el deseo de que algo cambie en sus vidas. Si bien los movimientos en las estructuras de género están dando paso a un pensamiento crítico, o por lo menos a replanteos de los roles de género, todavía hay mucho por recorrer.

La idea de que la pareja es complementaria ha dominado el imaginario de los amantes que se unen para acompañarse en “la salud y en la enfermedad”. Este concepto de que la pareja “debe complementarse” lleva al equívoco de pensar que la esencia es la falta que el otro completa. En realidad no existe ninguna falta, ni el vínculo amoroso ni el amor completa ninguna falta. En todo caso son dos personas diferentes, cada una con su forma de ser, con una historia personal, que desean unirse, siendo esta unión dinámica y pasible de ser modificada.

Si creemos que la madurez es haber encontrado la “media naranja” estaremos aceptando una falta que la otra mitad completa. Una pareja madura es par, defiende la igualdad; la paridad es la regla que sostiene el vínculo. Y esta paridad no debe ser confundida con la distribución de roles y de actividades para encarar el noviazgo o la convivencia. Por lo tanto, en una pareja “madura” cada uno se nutre de sí mismo y del otro. Cuando uno de los miembros, o los dos, posterga, anula o reprime sus deseos personales para cumplir con las demandas del otro, esta omisión tarde o temprano traerá sus consecuencias. Además, hoy en día, las personas tienen más en claro cuáles son sus deseos, por lo tanto, si la opción es demorarlos por otras metas, querrán retomarlos en algún momento. A la hora de elegir, las demandas sociales siguen jugando un papel muy importante sobre las personas, sobre las mujeres aún más. Decidir no ser madres o postergar la maternidad, defender sus derechos, los espacios y filosofía de vida, son temas que muchas veces no se comprenden desde la supuesta “mentalidad madura” como estamento de corrección social.

Las parejas maduras se identifican por:

  • Comunicación abierta y sincera.
  • Apertura y respeto hacia el mundo del otro.
  • La esencia de la pareja es la simetría, es decir, la paridad.
  • Acuerdo democrático para repartir actividades y la economía del vínculo.
  • No aceptar el control, reclamos, demandas y mucho menos situaciones de violencia.
  • Acordar o respetar los desacuerdos.
  • Romper con la rutina en general y la sexual.
  • Dejar espacios para la intimidad.
  • Asumir las responsabilidades sin hacer cargo al otro de las mismas.
  • Mantener y defender el sentido del humor

Parejas inmaduras

Así como la idea errónea de “la madurez” remite a que la pareja, por el hecho de serlo, debe asumir responsabilidades a costa de cualquier adversidad; la inmadurez como imagen social evoca a jóvenes que no quieren tomar ningún compromiso apostando al “laissez faire”. En todo caso serían parejas que se alejan del molde cultural y construyen su propio estilo de funcionamiento. La inmadurez es otra cosa. Muchas parejas se aman pero no saben cómo traducir el amor en acciones sostenidas en el tiempo. Las emociones y los sentimientos tiñen el vínculo y por ende no dejan que los pensamientos se organicen tratando de orientarlos por un camino más saludable. La inmadurez no es falta de racionalidad, es considerar (en forma consciente o inconsciente) que el otro debe completar una falta siempre existente y nunca saciada. El resultado de este estado de insatisfacción es la demanda, la dependencia, la posesión y el control sobre la vida del otro. Los vínculos inmaduros pierden la esencia de paridad, convirtiéndose en desiguales. Este tipo de relación lleva a depender del otro y a exigir que el otro siempre esté, incluso bajo presión o amenaza. También observamos la dinámica contrario: uno de ellos, o los dos, son muy independientes y nadie quiere ceder nada con el fin de tener algún proyecto en común. Tanto por necesitar del otro como por defender lo propio, el vínculo no encuentra la forma de lograr cierta armonía.
Las parejas inmaduras se identifican por:

  • La comunicación se vuelve escasa, limitada a las situaciones de crisis.
  • Disociación entre el afecto y los comportamientos. Se ama pero no se puede expresar en conductas de unión.
  • Se le pide al otro más de lo que está dispuesto a dar.
  • Las emociones superan cualquier intento de racionalidad o de control sobre las mismas.
  • Los celos, la necesidad de saber y de controlar, hacen daño a la confianza y mantiene al vínculo en estado de “alerta”.
  • Están aquellos que pretenden estar en pareja pero no asumen el más mínimo compromiso.
  • Los desacuerdos siempre provocan crisis.
  • Se dejan de lado amistades o proyectos personales porque el otro lo pide, o la parte cuestionada cede por temor a perderlo.
  • Uso del sexo para dirimir crisis que no se pueden solucionar de otra manera.
  • Se niegan los conflictos en pos de seguir estando juntos.

Tu preferencia es nuestra principal motivación, si te gustó esta nota, ayúdanos a compartirla