Sobreprotección o Padres controladores.

Es obligatorio distinguir un acto aislado de protección a nuestros hijos, de lo que es un estilo educativo basado en la sobreprotección.



Como seres humanos muchos de nosotros, no todos, como parte de nuestra búsqueda de auto-realización, soñamos con ese día en que nos convertiremos en padres y formar una familia, para crear nuestra descendencia.

Ahora bien, muchas veces ese gran deseo de ser padres, puede transformarse en una necesidad extrema de control cuando los hijos nacen.

Y un control que no es únicamente sobre la vida propia, sino además sobre la vida de los hijos. Puede verse como sobre protección, o quizás mucha firmeza y límites, lo cierto es que, sí existen los padres controladores, que quizás actuando “desde el amor” terminan haciendo más daño a sus hijos de lo que imaginan.

No es poco común escuchar a padres y madres verbalizar expresiones como: “Mis hijos son míos porque yo los parí (o yo los hice)”, “En esta casa se hace lo que yo digo porque para eso soy su madre/padre”. Especialmente en la cultura latinoamericana es común escucharlo.

Si bien es cierto que los límites y las normas son necesarias en la crianza de los hijos para ofrecerles guías de comportamiento, de lo que no nos hemos enterado o no queremos aceptar, es que los hijos no son verdaderamente nuestros.

Nacen de nosotros sí, tenemos el deber de cuidarlos y educarlos sí, pero tarde o temprano los hijos crecen y se van a perseguir su propio camino, por lo que lo ideal sería criarlos con libertad e independencia.

El problema se suscita, cuando no entendemos eso, cuando pensamos que por ser sus padres tenemos control y poder total sobre ellos y los sometemos a nuestros deseos.

Quizás cuando son pequeños no notemos tanto las consecuencias negativas de esta creencia, porque en edades tempranas los niños necesitan mucho de sus padres, pero a medida que van creciendo las consecuencias se van haciendo más evidentes.

Y es que, si criamos a nuestros hijos tomando decisiones por ellos, diciéndoles todo el tiempo lo que deben hacer y cómo deben hacerlo, inmiscuyéndonos en sus vidas sin dejar que tengan privacidad e independencia, estaremos criando niños que luego se convertirán en adultos sumisos y muy probablemente con problemas para relacionarse.

Usualmente, los niños que son criados en hogares controladores y sobre-protectores, más allá de crecer inseguros porque no han aprendido a tomar decisiones por sí mismos, buscarán relacionarse con personas que ejerzan igual o mayor control sobre ellos para así crear relaciones de co-dependencia.

En otros casos, presentan dificultades para relacionarse porque aún en la adultez, se sienten bajo el yugo de sus padres. Y es que esto es obvio, si no han aprendido otra forma de hacer las cosas y no conocen de libertad de pensamiento.

Además, probablemente muy pocas personas quieran relacionarse con alguien que no pueda tomar decisiones por sí mismo y que aún sea controlado por sus padres.

Con todo esto, las habilidades de solución de problemas, toma de decisiones, pensamiento analítico, entre otras, también se ven afectadas, porque crecen sin aprender a mirar más allá de lo que sus padres dicen, no aprenden a cuestionarse y replantearse las situaciones.

Ahora bien, también puede darse el caso de que crezcan con resentimiento, y más temprano que tarde terminen abandonando el hogar buscando la libertad e independencia tan anhelada. Entonces, desde cualquier punto de vista que lo veamos, las consecuencias a largo plazo son negativas.

Es cuestión de entender que los hijos no son de nuestra propiedad, que llegan a nuestras vidas para que los ayudemos en su proceso de creación como seres en el mundo, pero que tarde o temprano también necesitarán abrir sus alas y seguir su propio destino. Mientras los criemos con libertad pero con responsabilidad, tendremos hijos adultos agradecidos con el trabajo que han hecho sus padres, y con unas inmensas ganas de retribuir todo el amor y aprendizaje recibidos.

Consejos a los padres para evitar los efectos probables de la sobreprotección
Sería tan sencillo como decirles que dejen de sobreproteger, pero no es tan sencillo para una persona que practica ese estilo educativo, y que tiene constantes temores relacionados con la seguridad de su hijo.

Algunos consejos prácticos pueden ser:

  • Hay que dejar que se enfrente a las dificultades y a los problemas, para hallar la solución por sí mismo.
  • Hay que tratarle de acuerdo a su edad. Es fácil si nos fijamos en lo que hacen la mayoría de los niños a su edad. Nos puede dar miedo quitarle las rueditas de la bici para que aprenda a andar sin ellos con 5 años, pero si la mayor parte de los niños ya saben a esas edades, hay que pensar que puede ser la edad adecuada para hacerlo y que aprenda.
  • Es adecuado darle oportunidades de relacionarse con otros, de pasar algún tiempo sin la presencia de los padres, claro está, dependiendo de la edad. Puede estar en caso de un amigo o bien que le cuide unas horas un familiar. Debe aprender a relacionarse con otros que tenga perspectivas distintas a las de los padres.
  • Debemos ayudarle cuando lo necesite, pero no solucionarle siempre los problemas. Debe aprender por sí mismo a buscar las soluciones o los apoyos necesarios.
  • No hay que ahogarle con preguntas y un control estricto, se le debe dejar un cierto margen, un espacio para su intimidad.
  • Tiene que haber unos límites claros en la casa, no se le debe dar todo lo que pida. Debe aprender que las cosas requieren un esfuerzo para conseguirlas.
  • Hay que aceptar al niño tal y como es, con sus virtudes y con sus limitaciones.

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