La reacción de las madres al llanto de los bebés es universal

Los bebés humanos no se diferencian demasiado de los bebés de otras especie de mamíferos al señalar estados de malestar mediante vocalizaciones que expresan disgusto.



Las madres de todo el mundo parecen responder de forma similar ante el llanto de sus bebés.Los cerebros maternos se adaptan para poder responder rápidamente al llanto de un bebé, y que estas respuestas cerebrales son diferentes de aquellas mujeres que no tienen hijos,según un nuevo estudio publicado en la revista PNAS.

Los bebés lloran, pero otras crías de corta edad emiten sonidos equivalentes. De la misma forma, las madres de las especies de mamíferos suelen responder a esos llantos o vocalizaciones recogiendo a la cría, estableciendo alguna forma de contacto físico o comunicándose con ella; a veces también defendiéndola de posibles depredadores o alimentándola. Y en ocasiones son las madres de otros bebés u otras cuidadoras las que reaccionan, mostrando incluso fuertes respuestas emocionales. Esto se ha observado, además de en humanos, en marmotas, focas, gatos, murciélagos, y otras especies.

Una investigación reciente ha aportado elementos de interés para valorar en qué medida las respuestas de las madres humanas al llanto de sus bebés son universales o varían de unas culturas a otras. El resultado más sobresaliente de esa investigación es que las madres primíparas (primerizas) responden al llanto de sus criaturas de forma similar, con independencia de sus orígenes culturales. Todas ellas cogen al bebé en sus brazos y le hablan, pero no tratan de distraerlo, de mostrarles cariño de forma explícita, ni les dan de mamar en esas circunstancias, como hacen las de otras especies de mamíferos. Tanto las madres primerizas al oír llorar a sus criaturas, como otras más experimentadas al oír a otros bebés, muestran patrones comunes de actividad encefálica: se activan el área motora suplementaria -área de la corteza cerebral implicada en la programación, generación y control de acciones motoras y secuencias de habla-, así como las regiones temporales superiores relacionadas con el procesamiento de estímulos sonoros. La activación de esas áreas parece producirse, además, antes de que las madres tengan plena consciencia de que van a responder al llanto, lo que constituye una indicación de la importancia de tal comportamiento en términos, lógicamente, de la supervivencia de la cría.

Enseñanza e intuición

Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud observaron el comportamiento de 684 madres que tenían bebés de aproximadamente 5 meses en América del Norte y América del Sur, tres en Europa occidental, dos en África subsahariana, una en Medio Oriente y dos en Asia oriental. Las madres en todos esos lugares eran más propensas a hacer lo mismo cuando su bebé lloraba angustiado: los cargaban, los sostenían y hablaban con ellos. En algunas oportunidades, aunque con menos frecuencia, los distraían y los alimentaban.

Luego, monitorearon los cerebros de las madres primerizas en los Estados Unidos y madres más experimentadas en China e Italia y descubrieron que en ambos niveles de experiencia, estas respuestas estaban profundamente conectadas al sistema nervioso a un nivel que típicamente se asocia con los instintos. “El cuidado parental combina la enseñanza y la intuición. Algunos aspectos de la crianza se aprenden, como a través de la cultura, pero los padres también confían en sus instintos para el cuidado”, destacaron los autores de la investigación.

¿Todas las mujeres tienen la misma respuesta?

El estudio encontró que, en comparación con las mujeres que no tuvieron hijos, “las madres exhibieron respuestas más pronunciadas en las áreas del cerebro involucradas en el procesamiento emocional en respuesta a los llantos infantiles”. Los investigadores interpretan que las madres experimentan el llanto como una”señal emocionalmente importante”, a la que deben que responder de inmediato. La similitud de respuesta en diferentes culturas, y el hecho de que los cambios cerebrales fueron detectables dentro de los tres meses posteriores al parto, sugieren que este es un sistema incorporado para proteger a los humanos más vulnerables.

“El llanto infantil impulsa a algunos adultos, madres Incluidas, a responder con empatía y cuidado pero a otros puede llevar a actuar con negligencia o incluso abuso. El llanto infantil es un desencadenante del maltrato. Entonces, entender cómo responden normalmente las madres al llanto en los niveles conductual y del sistema nervioso es potencialmente revelador”,señaló Marc Bornstein, jefe de investigación infantil y familiar del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano y autor principal del estudio.

El llanto es una poderosa herramienta, además de señalar la condición física de los más pequeños (un llanto poderoso es señal de buena condición) es la alarma que se dispara cuando las cosas no van del todo bien. Que la madre responda a la alarma como su mensaje merece no solo favorece la supervivencia de la criatura; si además, responde de forma diferente al llanto que a otro tipo de llamadas que no indican riesgo inminente, el bebé aprende a confiar en la seguridad que le proporciona el vínculo, con lo que ello implica a los efectos de adquirir el comportamiento prosocial tan importante para el resto de su vida en el grupo.


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