Pie de trinchera



El hipotálamo es la parte del cerebro que regula muchas funciones, entre ellas, la temperatura corporal, la cual varía a lo largo del día; en promedio  se ubica aproximadamente en 37°C. La hipotermia ocurre cuando el organismo pierde más calor del que puede generar y desciende a 35°C o menos. En la época fría del año esta situación es común, sobre todo en niños y adultos mayores, y las principales causas son permanecer al aire libre durante otoño e invierno, particularmente cuando se combinan frío y humedad.

Origen del nombre

Durante la Primera Guerra Mundial (a914-1918), los ejércitos europeos cavaron Kilómetros de trincheras para detener y protegerse del ataque enemigo. En la temporada fría del año, los soldados debían permanecer dentro de estas zanjas enfrentando terribles condiciones de frío y humedad que, al cabo del tiempo, afectaban sus pies.

Reacción

En respuesta a la disminución de la temperatura corporal, el organismo se protege generando calor adicional de diferentes formas; por ejemplo, los músculos producen calor extra al tiritar, en tanto que los vasos sanguíneos pequeños que se encuentran en la piel se estrechan (constriñen) para desviar más sangre hacia órganos vitales, como corazón y cerebro. Como la cantidad del vital líquido caliente que llega a la piel es menor, las zonas del cuerpo como dedos de manos y pies, orejas y nariz se enfrían con mayor rapidez.

Caso particular

La baja temperatura ambiental afecta a las extremidades causando lesiones por frío, una de las cuales es el pie de trinchera, la cual se debe a prolongada exposición a condiciones de frío y humedad. Incluso, puede ocurrir a 15°C si el pie está constantemente mojado, esto se debe a que en esta condición pierde calor 25 veces más rápido que si estuviera seco. De hecho, a diferencia de las lesiones por congelación, el pie de trinchera no requiere temperaturas cercanas a 0°C, ya que puede ocurrir a 16°C.

Síntomas

Al principio, el afectado puede experimentar enrojecimiento de la piel y, al cabo de un rato, siente entumecimiento, calambres, hinchazón y dolor con hormigueo. Si no hace nada al respecto, aparecen ampollas, sangrado bajo la epidermis y gangrena (el pie puede ponerse morado oscuro, azul o gris) es decir, muerte del tejido que se presenta cuando una parte del cuerpo deja de recibir sangre. Finalmente, es necesario quitar (amputar) el tejido gangrenado para evitar que se extienda la infección a partes sanas del pie.

Primeros auxilios

  • Retirar a la persona del frío para llevarla a un lugar seco y caliente; es posible que necesite ayuda para ponerse en movimiento.
  • Cambiar el calzado y calcetines mojados por otros secos para aumentar la temperatura.
  • No usar calor directo (agua caliente, almohadilla eléctrica o lámpara del calor), ya que se puede dañar la piel debido a que está muy sensible.
  • Llevarla al médico para que sea valorada.

Prevención

Trabajo. Al realizar actividades que requieren estar en contacto con agua, es mejor utilizar botas de hule para evitar el ingreso de líquido.

Diversión. Para quienes se encuentran realizando actividades recreativas al aire libre sobre suelo húmedo es recomendable utilizar calzado que impida la entrada de frío, así como calcetas gruesas para darle mayor protección al pie, incluso llevar un par extra de repuesto.

Talco. La humedad que genera el pie al sudar también puede ser peligrosa cuando entra en contacto con el frío del medio ambiente, así que conviene emplear talco que, además, inhibe el crecimiento de hongos que causan mal olor.

Revisión. Tras pasar cierto tiempo en ambiente frío y húmedo, se recomienda descansar en un lugar seco donde la temperatura sea más elevada para revisar el estado de los pies. Al notar los primeros síntomas de este trastorno, conviene suspender lo que se estaba haciendo y mantener las extremidades en condiciones que les permitan frenar el deterioro del tejido.

Beneficio colateral

Además de evitar daño a los pies, no exponerse a esta clase de enfriamiento también reduce el riesgo de padecer gripe. Para llegar a esta conclusión, el Centro de la Gripe Común de Cardiff, Reino Unido, “enfrió” a un grupo de personas en un laboratorio; la mitad de los voluntarios se sentaron con sus pies en agua fría durante 20 minutos, mientras que la otra mitad mantuvo sus calcetines y zapatos. Ambos grupos siguieron su vida normal, en la que se mezclaron con otra gente, incluso con algunos que tenían el virus de la gripe, pero no mostraban molestias. No se reportaron diferencias en los síntomas de la afección entre los dos grupos en los primeros días, pero 4 ó 5 días más tarde el doble de los que habían tenido los pies en agua fría presentaron signos de la enfermedad (fiebre, dolor de cabeza y malestar general).

¿Qué paso?

Los investigadores británicos suponen que, cuando baja la temperatura del cuerpo, los vasos sanguíneos de nariz y garganta se constriñen, disminuyendo la distribución de glóbulos blancos que repelen infecciones y, por tanto, las defensas contra el virus de la gripe están temporalmente más bajas. Así, cuando los pies se secan o se entra a un lugar en el que el cuerpo se calienta, los vasos sanguíneos se dilatan y las células blancas reanudan su lucha contra el virus, pero para entonces quizá es demasiado tarde: el microorganismo pudo haber tenido el tiempo necesario para repicarse y producir los síntomas de la infección. Si bien el frío no provoca la gripe, lo ideal es no enfriarse para reducir el riesgo de enfermarse y, en consecuencia, sufrir las desagradables molestias.

Pía Ferrer

 


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