Confesiones de mamás



El mundo de la maternidad está lleno de mamás cansadas, felices, divertidas, agobiadas, cariñosas, a punto de estallar, enamoradas de sus hijos, llenas de inseguridades, repletas de valentía… Todos estos estados pueden aparecer en solo 24 horas. ¿Significa eso que la maternidad no es tan idílica como nos habían contado? ¿Solo escuchábamos la parte de color de rosa de la letra pequeña? Hablamos con algunas de esas madres con días buenos, malos o regulares, quienes aseguran que, a pesar de todo, adoran a esos diablillos que les hacen la vida más complicada; aunque sin duda, más feliz.

Maternidades diferentes

“Yo no me sentí estafada cuando llegó mi primera hija, al menos no por las mismas razones que he leído o escuchado”, comenta Eva Bailén, autora de Cómo sobrevivir a los deberes de tu hijo. “Sin embargo, estoy de acuerdo en que hay que dejar claras las cosas (…). No quiero ser una aguafiestas, no todas las madres viven el parto y la lactancia de la misma manera, las experiencias son tan diversas como las mujeres que pasan por ello”.

La realidad de las maternidades diferentes la reivindican madres como Alicia, quien tuvo a su hija hace tres años: “No tuve problemas en dar el pecho a mi hija, lo aceptó muy bien; tampoco pasé noches enteras desvelada por el llanto de mi bebé porque Ana dormía estupendamente. Sin embargo, la idea de que dependiera tanto de mí me agobiaba, en algunos momentos preferirías no tener  esa responsabilidad, aunque ya la hayas asumido. Se pasa, es momentáneo, pero  sí añoras tu vida de antes de vez en cuando”.

Hablar del posparto tal y como es

La fotógrafa Danielle Fantis revolucionó las redes sociales con unas imágenes donde su amiga Kathy Divicenzo, madre y protagonista de las fotografías, denunciaba que no se habla de lo difícil que puede resultar la etapa posterior a dar a luz. “Tenemos que dejar de asumir que el periodo del posparto es siempre eufórico porque no lo es”, escribía en su muro Facebook bajo unas imágenes que se compartieron  en pocas horas en más de 73 mil ocasiones y obtuvieron 14 mil comentarios. Las dos fotos muestran dos realidades diferentes: en una aparece junto a dos niños, con aspecto saludable, en un ambiente perfecto y con la casa ordenada; e la otra, el desorden reina en una habitación donde se ve a la misma mujer muy demacrada. Las dos caras de una misma situación: utopía y realidad.

Extrañar la vida anterior

El sentimiento de nostalgia por una vida con menos responsabilidades es común en la mayoría de las mujeres. Sin embargo, hay quienes lo vivieron con mayor intensidad, como Rebeca, madre de una niña de cinco años: “Cuando Manuela tenía cuatro meses, pensaba que estaba tan cansada que aunque hubiera querido relajarme en un spa no hubiera tenido fuerzas ni para ponerme el traje de baño, todo me agobiaba. Era incapaz de dormir, me invadía una sensación de tristeza tremenda. Lo peor era que no podía, o no quería, contárselo a nadie”.

Rebeca llegó a pensar que tenía depresión posparto, incluso habló con un especialista, quien le dijo que no le pasaba nada raro: la responsabilidad de ser madre abruma y si a eso se le suma el agotamiento, parece que cualquier dificultad es un obstáculo insalvable.

Amor incondicional… pero no de color rosa

María, madre de dos niños de cinco y siete años, no vivió la etapa del posparto como algo difícil de superar. Pero cuando ellos empezaron a crecer no supo cómo afrontar sus berrinches. “A veces, me sacan de mis casillas. Como cuando se ponen a pelear en plena fila del súper y soy incapaz de conseguir que se estén quietos. Incluso llegas a pensar que no deberías haber sido madre hasta estar preparada. Pero, ¿cuándo es eso? Mi mamá nos tuvo con veintitantos, somos cuatro hermanos y nunca la he escuchado quejarse de nada. Es como si fuéramos más débiles que las generaciones anteriores. “No siempre estamos en nuestro mejor momento”, dice Lucía, madre de un niño se siete años. “En ocasiones, cuando tu hijo pasa por una mala etapa o llegas cansada del trabajo y te encuentras todo tirado después de pasarte la noche recogiendo, piensas que quién te manda ser madre. Al fin y al cabo, a lo largo del día nos pasa infinidad de cosas por la cabeza a todos y no siempre estamos orgullosos de nuestros pensamientos”.

El arrepentimiento

Puede sonar difícil de creer, pero hay mujeres que lo sienten. La socióloga israelí Orna Donath ha reunido algunos alguno de sus testimonios en el polémico libro Madres arrepentidas (Reservoir Book, 2016), en el que 23 madres cuentan que, a pesar de querer a sus hijos, si pudieran echar marchar atrás no los hubieran tenido. “Veo que no se trata de que él llore o yo me enoje o no, o lo soporte o no… Es una cuestión de tener que renunciar a mi vida. En lo que a mí respecta, es una renuncia demasiado grande”, afirmaba una madre llamada Odeyla en el libro.

La presión social

La periodista Samantha Villar también levantó la polémica con estas palabras: “Hay un relato único de la maternidad como un estado idílico, que no coincide con la realidad y estigma a las mujeres que lo viven de manera distinta. Yo no soy más feliz ahora de lo que era antes (…). Tener hijos es perder calidad de vida”.

Esa renuncia es la que otras madres mencionan al explicar por qué no son felices las 24 horas del día: “Estaba mentalizada para vivir agotada, pero la verdad es que no esperaba que esa renuncia fuera tan rotunda. Me siento culpable solo por quejarme porque adoro a mis hijos, pero que los quiera no significa que no tenga envidia de mis amigas sin hijos. Sin embargo, nunca lo confesaría en público. Las demás madres, también los hombres, nos ven como auténticos monstruos o dementes si después de ser madres confesamos que no nos gusta tanto la maternidad, aunque estemos enamoradas de nuestros hijos”, asegura esta madre cuyo nombre prefiere mantener en el anonimato.

Rebeca, Eva y Alicia aseguran que sus vidas son más rutinarias desde que son mamás y desde luego, más agotadoras. Pero también divertidas, felices, emocionantes… En gran parte, gracias a sus hijos.

Fuente: www.padresehijos.com.mx

 


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