Peligro de los aditivos alimentarios.

Aditivos alimentarios: ¿Para qué se usan? ¿Qué efectos secundarios tienen en la salud? ¿Cómo detectarlos? ¿Por qué todo el mundo los consume como si nada?



Si todo el mundo consume aditivos… no serán tan peligrosos

Todos y todas nos sentimos seguras consumiendo aditivos y productos procesados porque todo el mundo lo hace. ¿Y por qué todo el mundo lo hace? Porque existen profesionales de marketing extremadamente cualificados que hacen muy bien su trabajo. Si un anuncio reclama “0% grasas”, “en un instante”, “light” o “bueno para tu piel”, ahí estamos, comprándolo sin cuestionar si eso es cierto o cuál es precio en salud que voy a pagar a cambio de las o grasas o de la rapidez con que podré cocinar hoy para no perder un segundo de mi estresante vida.

Si los aditivos fueran tan peligrosos… las autoridades sanitarias nos lo harían saber

Echemos mano del sentido común. Si te tomas las molestias de averiguar cómo funciona el mercado internacional, descubrirás rápidamente (no hace falta invertir mucho tiempo) que prácticamente todas las firmas que consumes con regularidad pertenecen, a través de micro y macro fusiones, a las mismas multinacionales. En todos los sectores, existen varias empresas que son propietarias de prácticamente todo lo que consumes. Al mismo tiempo, también descubrirás que las mismas personas que dirigen esas multinacionales, ocupan o han ocupado cargos de responsabilidad en los organismos que regulan las leyes sobre la seguridad de dichos productos (lo que se llama “puerta giratoria” y que consiste en tener la posibilidad de favorecer a dichas empresas mientras se ocupan cargos de responsabilidad en política a cambio de un puesto y un salario de altura en el futuro). ¿No deberían de ser grupos científicos independientes quienes decidieran y valoraran la seguridad de los alimentos?
¿Qué te dice el sentido común sobre esto?

¿Para qué se usan los aditivos?

Los aditivos alimentarios se usan para todo tipo de cosas que, en último término, tienen una misma finalidad: QUE COMPRES MÁS y que el fabricante GASTE MENOS.

Los aditivos sirven para alargar la vida del producto. Utilizando ciertos aditivos, se consigue alargar la vida del producto. Pero… ¿De qué vida estamos hablando? Porque lo que no te dicen es que la mayor parte de las vitaminas y nutrientes esenciales se pierden en el camino y que los alimentos frescos son los que, verdaderamente, rebosa vida.

Los aditivos nos seducen. Cuando nos presentan frutas y verduras brillantes, iguales e impolutas o apetitosas lonchas de jamón de york, nos hacen creer que su “jugoso” aspecto es bueno para nuestra salud. De lo que no nos hablan los anuncios es de los efectos secundarios que tiene la fabricación en serie de los transgénicos y las sustancias químicas que han utilizado para darle uniformidad, brillo, sabor, textura, etc. ¿Nunca te has preguntado por qué los cadáveres son de color morado y sin embargo la carne que compras en el super es de un rojo intenso? ¿Te imaginas el aspecto que tendría esa carne si no te la comieras fresca y no llevara aditivos? ¿Te comerías esa carne si supieras el sufrimiento atroz que se causa a los animales en la ganadería industrial?

Los aditivos ahorran tiempo. Cuando consumimos una mayonesa o cualquier tipo de producto elaborado en lugar de hacerlo, presuponemos que estamos ahorrando tiempo. Lo que no pensamos es que esas sustancias químicas que introducimos en el cuerpo cada día, todos los días, pueden generar importantes desequilíbrios en el organismo que, en el futuro, nos harán perder el tiempo en tareas infinitamente más desagradables que elaborar una salsa natural.

Los aditivos ayudan a adelgazar. Cuando observamos unas luminosas letras en la parte más llamativa de la caja de un producto que dice: “0 grasas“, damos por hecho que la grasa es mala y que, si consumimos un producto light, no vamos a engordar. Lo que no nos dice la caja del producto es que las sustancias químicas también se acumulan en el organismo y que los “michelines tóxicos” y la retención de líquidos y anomalías que se pueden producir en nuestra bioquímica como consecuencia, son bastante más difíciles de eliminar del cuerpo que la grasa.

Aunque, si esto te parece un poco complicado, hay una alternativa mucho más sencilla…. aprender a comprar ecológico. Es cierto que la mayoría de la población sigue siendo reacia a comprar comida ecológica por dos argumentos fácilmente rebatibles:

La comida ecológica es muy cara

Sí, esta afirmación es cierta, pero sesgada. Si observamos de manera individual cada producto, es cierto que es más caro que los productos industriales. En primer lugar porque la fabricación artesanal requiere mayores costes y, en segundo, porque las empresas ecológicas suelen manifestar una conciencia más ética en todos los sentidos respetando el Medio Ambiente y los costes de trabajo en la cadena de fabricación. Por otra parte, cuando vamos al super de turno, solemos gastar un montón de dinero en comida basura absolutamente innecesaria. Es decir, cuesta mucho menos dinero elaborar una salsa que comprarla, etc. Por lo tanto, con una mínima implicación y un poco de sentido común, podemos realizar compras mucho más económicas con menos productos que cubran las mismas necesidades. Nuestra experiencia es que, al mes, se gasta bastante menos dinero.

Es muy difícil encontrar comida ecológica

De nuevo una visión cierta pero solo en parte. Por supuesto, es mucho más fácil encontrar comida basura que comida ecológica. Los supermercados convencionales están por todas partes. Pero que los supermercados ecológicos no sean tan visibles ni abundantes no quiere decir que no existan. En todas las ciudades hay cooperativas, mercadillos o tiendas que podrán satisfacer tus necesidades. Solo es necesario llevar a cabo una mínima investigación sobre dónde están y tener un poco de interés a la hora de buscar soluciones creativas. Te aseguramos que no será un proceso incómodo, sino todo lo contrario.
Descubrirás que charlar con los agricultores, conocer en las tiendas ecológicas las propiedades medicinales de ciertos nutrientes y comprar productos menos seductores pero más saludables, es bastante más agradable que entrar a un establecimiento gigantesco para comprar productos sofisticados y sintéticos con mucha prisa para que nadie se nos cuele en la fila.

Fuente: www.vidanaturalia.com


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